El amor en los tiempos del algoritmo 

Por Sofía Soto

“Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.” Estas son las palabras que dan inicio a la novela de Gabriel García Marquez “El amor en los tiempos del cólera” en donde un amor no correspondido perdura durante medio siglo. Leer este libro con una visión actual de las cosas, es mucho más difícil de analizar, cuando el contexto social y cultural en el que estamos no nos permite amar genuinamente. 

Florentino Ariza esperó cincuenta y un años, nueve meses y cuatro días para volver a estar junto a Fermina Daza. Hoy, probablemente, después de unas semanas sin recibir respuesta, habría sido reemplazado por alguien más en Tinder. El amor que antes parecía estar atravesado por la espera, la incertidumbre y la insistencia, hoy parece estar condicionado por la inmediatez.

Leyendo las palabras de Gabriel García Marquez no pude evitar preguntarme ¿Dejamos de creer en el amor? o ¿Estamos basando el amor en los aspectos incorrectos de la vida?

Las aplicaciones de citas transformaron la manera en que conocemos a las personas. En una pantalla aparecen rostros acompañados de edades, profesiones, y unas pocas palabras destinadas a resumir que buscas en una relación. Un movimiento hacia la derecha puede significar interés; hacia la izquierda, descarte. Y así, casi sin darnos cuenta, comenzamos a relacionarnos con los vínculos bajo una lógica parecida a la de cualquier catálogo: observar, comparar y escoger.

El problema no está necesariamente en Tinder, Bumble o Instagram. Las herramientas no son las responsables de nuestra incapacidad para vincularnos. El problema aparece cuando trasladamos la lógica del algoritmo a nuestra forma de entender el amor. 

Quizás por eso nuestro vocabulario amoroso también ha comenzado a cambiar. “Mujer de alto valor”, “princeso”, “red flags”, “green flags”, “energía masculina o femenina”,son términos que circulan diariamente en redes sociales y que pretenden ayudarnos a comprender nuestras relaciones. Algunos pueden ser útiles para reconocer dinámicas dañinas o establecer límites. Pero otros terminan convirtiendo el vínculo amoroso en una lista de requisitos que debe cumplir el otro para ser considerado digno de nuestro tiempo.

¿Qué aportas? ¿Qué tienes para ofrecer? ¿Cuánto ganas? ¿Qué puedes darme? ¿Qué recibo a cambio?

El amor comienza a parecerse peligrosamente a una transacción.

Incluso las redes sociales han convertido la intimidad en una especie de vitrina. Ya no basta con vivir una relación: también existe la posibilidad de mostrarla. Fotografías de aniversarios, flores, viajes, cenas y regalos funcionan como pequeñas pruebas públicas de que somos queridos. Y, al mismo tiempo, observar constantemente las relaciones ajenas nos hace comparar la propia. ¿Por qué él no me lleva a esos restaurantes? ¿Por qué ella no me regala flores? ¿Por qué nuestra relación no se ve como esa?

Tal vez hemos confundido el amor con todo aquello que podemos demostrar que tenemos.

Y quizás ahí está una de las grandes contradicciones del amor contemporáneo: tenemos más posibilidades de conocer personas que nunca, pero cada vez nos cuesta más permanecer. Estamos dejando de conectar genuinamente con las personas, las relaciones no se basan en el tiempo de calidad, las risas compartidas, la compañía, el soporte y la complicidad. Actualmente una conversación genuina no es más que un ramo de flores amarillas un 21 de septiembre.

Florentino Ariza no es, desde luego, un ejemplo perfecto de cómo amar. Su obsesión con Fermina Daza difícilmente podría considerarse hoy una representación saludable del amor. Pero la novela de García Márquez plantea algo que nuestra época parece haber olvidado: que amar también implica tiempo. Implica conocer al otro más allá de su fotografía más favorecedora, de su descripción de Tinder o de los tres adjetivos que eligió para definirse. Implica descubrir sus contradicciones, sus defectos y aquellas partes que jamás entrarían en una biografía de Instagram.

Sobre la autora

Sofía es estudiante de periodismo. Se dedica a escribir artículos de opinión referidos a problemáticas que atraviesan las mujeres, basándose en referencias de la cultura pop.