Nycta
Por Fernanda Luna
Solo entre cinco y seis el árbol del antejardín se refleja en mi pared.
La hora azul y el silencio absoluto, soledad,
multitudes ausentes
que esperan retomar la corriente.
Me disipo con el humo.
Mis ojos fijos
en aquella casa blanca atascada en el tiempo;
con flores rojas que la rodean
y caen exhaustas sobre la pandereta.
El rocío de la mañana
y los primeros rayos de luz son lo único vivo,
puertas extrañas y sin sentido que apenas se abren
para seguir la rutina del pan de cada día.
Me enfrento a ellos
y solo veo cabezas flotantes, sin rostro ni color,
que van de un lado a otro perdiendo el rumbo.
Nadie me ve,
y yo permanezco
caminando por un plano paralelo, sin que la espiral me toque,
sin que mi rostro se desvanezca,
sin que la claridad me haga desaparecer.
Sobre la autora
Nacida en Talca en 1995. Poeta y bruja. Sus versos buscan una conexión con planos etéreos, donde el alma pueda navegar y descubrir distintos escenarios que invitan a la reflexión a través de la liberación de las emociones
