La relación entre lo gótico y lo queer en la literatura a través del tiempo
Por Carla Gallegos
La literatura gótica es una corriente narrativa que surgió en el siglo XVIII en Europa. Se caracteriza por combinar diferentes elementos del terror sobrenatural en auras de misterio y sombras. Suele explorar temas como el miedo, lo desconocido, la locura, la pasión y la transgresión a la ética. Los personajes en estas novelas suelen ser humanos atormentados o criaturas sobrenaturales, principalmente vampiros.
El término queer fue utilizado originalmente en los países de habla inglesa como un insulto hacia las personas que no se ajustaban a las normas hetero, alosexuales o cisgénero. La palabra hacía alusión a lo “raro”. En la década de 1980, la comunidad LGBTQI+ comenzó a apropiarse de este término, transformándolo en una identidad política y de orgullo. En la actualidad, se considera una denominación inclusiva, ya que se utiliza para describir a las personas cuyas identidades de género o sexualidad no se ajustan a las categorías hetero, alosexual o cisgénero hegemónicas.
La literatura gótica a lo largo del tiempo ha servido como un refugio para hablar sobre diferentes temas tabúes, en el caso de las personas queer en sus comienzos solo se hacía uso de simbolismos y metáforas, o se utilizaban personajes con ciertas características andróginas, ya con el paso de los años cada vez se fue visibilizando de una manera más sólida llegando a mostrar parejas gays o lesbicas, incluso personajes bisexuales o trans.
La investigación sobre la relación entre la literatura gótica y lo queer es esencial no solo por su valor analítico en el ámbito literario, sino también por la importancia de visibilizar las disidencias queer dentro de la cultura. El gótico ha sido un espacio para explorar la marginalización y el miedo hacia lo “diferente”, permitiendo que las experiencias queer se comprendan a través del miedo y el deseo. La representación de las disidencias queer resulta crucial para el reconocimiento de sus experiencias, y aumentar su visibilidad contribuye a combatir la discriminación y la estigmatización. Además, la literatura gótica y queer desafía las normas de género y sexualidad, ofreciendo nuevas perspectivas sobre la identidad y el deseo, lo que puede empoderar a las personas de la comunidad. Revalorizar los textos clásicos desde un enfoque queer permite conectar estos relatos con los debates contemporáneos sobre la identidad, favoreciendo una sociedad más inclusiva y comprensiva.
Drácula: el vampirismo como metáfora de la homosexualidad
El conde Drácula es un vampiro que busca trasladarse desde Transilvania hasta Inglaterra. Un grupo de personas, liderado por el abogado Jonathan Harker y el profesor Van Helsing, intenta detenerlo.
En Drácula, el vampiro se presenta como una figura ambigua en términos de género y sexualidad, desafiando las normas sociales y morales de la época victoriana. El conde muestra una atracción tanto hacia hombres como hacia mujeres, lo que evidencia su fluidez sexual. La relación entre Drácula y Jonathan Harker está cargada de tensión erótica, especialmente en la escena en que el vampiro amenaza con morderlo. Este acto puede interpretarse como una manifestación del deseo homoerótico, ya que Drácula no discrimina a sus víctimas por su género y encarna así una amenaza simbólica a la heterosexualidad normativa.
En la sociedad victoriana, que valoraba la pureza sexual y establecía una clara diferenciación entre los roles de género, Drácula aparece como una figura que desafía esas normas. Su identidad vampírica lo sitúa fuera de las categorías tradicionales de sexualidad, convirtiéndolo en una amenaza para el orden social. El vampirismo puede interpretarse como una metáfora del deseo reprimido: los personajes que caen bajo su influencia, como Lucy y Mina, experimentan una transformación que también es sexual. Su conversión en vampiros simboliza el despertar de un deseo prohibido que se libera de los límites impuestos por la moral de la época.
La mordida de Drácula es simbólicamente sexual, pero también sugiere la liberación de deseos reprimidos. El vampiro establece una conexión con sus víctimas que las corrompe, lo cual se observa especialmente en Lucy y Mina. Lucy, tras ser mordida, se convierte en una figura sexualmente agresiva, lo que aterra a los hombres. Su transformación de mujer pura en criatura sedienta de sangre simboliza la transgresión de las normas sexuales. Los hombres la destruyen para “salvarla”, reprimiendo su sexualidad incontrolada. Mina, por otro lado, es una figura más moderada: aunque también cae bajo el control de Drácula, su “salvación” refuerza la represión del deseo femenino. La persecución del vampiro puede interpretarse como una lucha contra los deseos queer: Drácula no solo amenaza a las mujeres, sino que también representa una tentación para los hombres, desafiando el deseo heterosexual.
Aunque al final Drácula es destruido y la heterosexualidad se reafirma, su figura refleja que el temor y la fascinación por lo queer no desaparecen por completo. El vampiro puede interpretarse como una exploración de los miedos victorianos hacia el deseo no normativo, la ruptura de las normas sexuales y la amenaza queer para el orden social. Si bien Drácula es derrotado, su presencia sugiere que la tensión entre lo convencional y lo queer permanece latente.
Frankenstein: Rechazo a lo queer y lo diferente
Víctor Frankenstein es un científico que crea un ser a partir de partes de cadáveres, pero lo rechaza inmediatamente después de darle vida. Este acto desencadena una serie de eventos trágicos que revelan las consecuencias del miedo y el rechazo hacia lo diferente.
En Frankenstein, el rechazo es un tema central que refleja las tensiones entre la identidad y las normas sociales, especialmente en relación con las experiencias queer. La historia de Víctor Frankenstein y su criatura puede leerse como una alegoría poderosa del rechazo que enfrentan las personas que no se ajustan a las expectativas heteronormativas. Desde el primer encuentro entre Víctor y su creación se establece una dinámica de repulsión: el científico, horrorizado por el aspecto de su criatura, la abandona de inmediato. Este rechazo no se basa únicamente en su apariencia, sino también en la negación de su humanidad. La criatura simboliza a quienes son marginados y excluidos por su identidad o apariencia. Así, la forma en que Víctor rechaza a su creación refleja lo que muchas personas queer han vivido: ser tratadas como “anormales” o “peligrosas” por no encajar en las normas sociales.
El rechazo que siente Víctor hacia su criatura también puede interpretarse como una lucha interna con su propia identidad. Al crear a la criatura a partir de partes de cuerpos muertos, se siente asqueado y avergonzado. Este horror no proviene únicamente de la criatura, sino también de su propia falta de aceptación. Víctor se aleja de su creación para escapar de sus propios deseos y temores. La criatura, a pesar de su deseo de ser aceptada y amada, es constantemente rechazada. Este ciclo de rechazo se asemeja a la experiencia de muchas personas queer, quienes a menudo enfrentan el rechazo de sus familias. La desesperación de la criatura, que a veces se transforma en violencia como respuesta a su sufrimiento, refleja las luchas emocionales de quienes se sienten marginados y solos.
El rechazo también nos invita a reflexionar sobre la importancia de crear espacios donde todas las personas se sientan aceptadas. Frankenstein nos invita a cuestionar cómo percibimos a los “monstruos” en nuestras vidas y a reconocer que nuestro miedo a lo diferente puede causar un gran daño. De manera implícita, se puede interpretar que Mary Shelley critica las normas de su época y nos impulsa a reconsiderar lo que significa ser humano.
El palomo cojo y El beso de la mujer araña: resistencia en España y Latinoamérica
El palomo cojo, obra de Eduardo Mendicutti, se desarrolla en un ambiente conservador y franquista, explorando la infancia de Felipe, un niño que descubre su deseo homoerótico mientras pasa un verano en la casa de sus abuelos en Sanlúcar de Barrameda.
A través de una atmósfera inquietante y opresiva, Mendicutti utiliza elementos góticos para distorsionar el ambiente, creando un espacio donde el miedo y la represión coexisten con el deseo. La casa y sus personajes excéntricos reflejan las restricciones sociales del franquismo, simbolizando la represión sexual y política. Mendicutti emplea una narrativa que alterna entre lo lineal y lo gótico, con temores infantiles que se entrelazan con la represión de los deseos de Felipe. El uso paródico del gótico permite explorar la disidencia sexual y política, mientras que la lectura clandestina de poemas de Lorca actúa como un símbolo de resistencia y conexión emocional para el protagonista.
El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, ambientada durante la dictadura de Jorge Rafael Videla en Argentina, narra la historia de Valentín, un prisionero político marxista, y Molina, una mujer trans, quienes comparten una celda.
Puig explora la opresión y discriminación que ambos personajes enfrentan en un régimen represivo. El uso del género gótico en la novela refleja el terror psicológico y la atmósfera opresiva de la prisión. Los personajes son vistos como “monstruos” por la sociedad debido a su ideología y su identidad de género, pero Puig subvierte esta percepción, mostrando que son profundamente humanos. El gótico permite expresar los miedos existenciales de los personajes, especialmente el temor a perder su humanidad bajo la represión. A través de la relación entre Valentín y Molina, la obra critica el régimen dictatorial argentino, destacando que el verdadero horror es la deshumanización y la pérdida de identidad impuesta por el sistema opresor.
Concluyendo con el análisis de estas novelas, se puede observar que la literatura gótica ha sido un espacio que permite la exploración de lo diferente y marginal, desafiando las normas sociales establecidas. A lo largo del tiempo, esta corriente ha visibilizado temas como la identidad, el deseo y la represión, proporcionando un lugar donde la comunidad LGBTI+ puede encontrar representación. Al abordar el miedo, la transgresión y la marginalización, el gótico ofrece una narrativa que cuestiona las normas de género y sexualidad, abriendo un diálogo sobre las identidades que han sido excluidas o reprimidas, convirtiéndose en un medio de resistencia y visibilidad.
Sobre la autora
Carla Gallegos es una estudiante de enseñanza media. Le apasiona abogar por problemáticas sociales y disidentes.
Bibliografía
Logramos conseguir nuestra información mediante el uso de aparatos tecnológicos e internet. Por medio de Google Scholar conseguimos artículos que nos entregaron la información suficiente para poder crear nuestro análisis:
Balderston D. (&) Donna J. (1997). Sex and Sexuality in Latin America. New York University Press
Wiliam D. (2000). Producción cultural e identidades homoeróticas: teoría y aplicaciones. Universidad de Costa Rica.
Haggerty G. (2006). Queer Gothic. University of Illinois Press
Bonatto A. (2011). La utilización del modo gótico en “El palomo cojo” de Eduardo Mendicutti. Memoria y registro abyecto del pasado. Universidad Nacional de La Plata
Ruiz S. (2013). La ficción gótica y la política del terror en “El beso de la mujer araña” de Manuel Puig. Universidad Autonoma de Queretaro.
Draven J. (2022). Making a Monster: Queerness and Disability in Gothic Literature. University Honors Además gracias a ello elegimos las obras que utilizamos para nuestra investigación:
Shelley M. (183). Frankenstein. Londres: Colburn and Bentley. (Segunda edición). Stoker B. (1897). Drácula. Londres: Archibald Constable and Company.
Manuel Puig M. (1976). El beso de la mujer araña. México. Mendicutti E. (1991). El palomo cojo. España.
