Ser mapuche hoy: identidad, lengua y memoria en primera persona

Desde la experiencia íntima hasta la exposición en redes, Sofía Waikil reflexiona sobre crecer mapuche en la ciudad, reconstruir la identidad y asumir el compromiso de hablar y vivir la cultura en el presente.

Tertulias

¿Qué significó para ti crecer siendo mapuche en el contexto en el que te formaste? ¿Cómo influyó eso en la persona que eres hoy?

Siempre estuvo presente lo indígena en mi casa, en los instrumentos, en la ropa, antes de entrar al colegio pensaba que todo el mundo era mapuche, y después, fue la actitud de mis compañeros lo que me hizo empezar a cuestionar cosas, o que mis profesores no pudieran pronunciar bien mi apellido. Los rumores también, aunque la gente comenta que antes el racismo era peor, porque los mapuches no hablaban castellano. 

Mi abuelo me decía que tenía que recordar que somos mapuches y que por ser mapuches siempre nos va a costar más o que la gente nos va a mirar en menos. Mi mamá también hablaba conmigo, por ejemplo, cuando tenía amigas y las mamás de esas amigas me trataban mal, mi mamá me decía que quizás era un tema racismo. 

Creo que todo mapuche pasa por un proceso de posicionarse, de empezar a investigar. A veces parte porque vas a clases de mapuzungun, a talleres, o  agrupaciones, y encuentras personas con vivencias parecidas a la tuya, empiezas a sentirte parte de algo, a entender muchas cosas. Todo ese caminar hizo que yo lo quisiera reflejar en las redes sociales, siempre tuve estas ganas de hablar, de mostrar esto que pasaba, muchas veces lo hacen parecer que fue en el tiempo de los españoles y que ahora los mapuches prácticamente no existimos. 

¿Cómo y por qué decidiste comenzar a compartir contenido sobre la cultura mapuche en redes sociales?

Fue por estas mismas ganas de querer aprender. Cuando tuve acceso a internet, buscaba lo que pasaba con los mapuches, esperando encontrar una fuente de información actualizada, pero no, toda la información que había era sobre los españoles, la ruca, el humo o la Guerra de Arauco, entonces yo pensaba que ojalá alguien pudiese llevar esto a la actualidad. 

Yo tenía ganas de hablar, y amigos que me impulsaron a hacerlo, también tenía talento, así que lo hice y funcionó. Yo creo que es porque conecto con muchas historias parecidas, no pretendo venir de una familia tradicional, súper ancestral, que tiene todos los conocimientos mapuches, porque aunque vengo de un contexto mapuche, crecí en la ciudad; ahora vivo en el campo, vivo en mi cultura, rodeada de gente mapuche, todo lo he hecho con las ganas de querer aprender, y creo que eso hace que la gente se motive a retornar, a reconectar, por eso ha funcionado esta conversación con mi audiencia.

Desde tu mirada, ¿qué aspectos de la cosmovisión mapuche son hoy más urgentes de visibilizar o recuperar en la sociedad chilena?

Hay mucho, yo ahora estoy con el tema de revitalizar la lengua. El estudiarla y tener como objetivo hablarla nuevamente es un compromiso de vida, y es lo que te hace mapuche realmente, porque vas entendiendo, afecta incluso en tu pensamiento, a veces en contextos mapuche, todo se traduce al castellano y se pierde el sentido, o se le da mucha espiritualidad, o un sobre misticismo, y en realidad es algo más práctico. 

Eso lo he observado mucho estudiando y conversando con gente que es hablante, el que si yo te traduzco, por ejemplo, lo que significa el alma, se puede tergiversar, o que cuando observas la vida en los ciclos naturales, en cómo se manifiesta el agua, todo se entiende conversando en nuestra propia lengua. Hay un lamgen* que dice que eso es lo que nos diferencia como pueblo, lo que nos hace el pueblo, porque sino somos igual que los otros, es importante reconocer nuestra diversidad desde el idioma mismo, y a mí siempre me ha motivado eso, ser mapuche, hablar como mapuche, oler a mapuche, rodearme de mapuche, verme como mapuche, todo, y yo creo que eso es lo importante, ese mismo compromiso, es lo que es necesario visibilizar y retomar, porque así se entienden también los otros saberes desde nuestros propios conocimientos.

En un contexto donde las identidades muchas veces son simplificadas o folklorizadas, ¿cómo se construye y sostiene hoy una narrativa propia sobre lo mapuche?

Yo creo que en la vivencia misma, en evidenciar estas mismas historias que pasan en 2026. En nuestra historia, como mapuche siempre se presenta al hacer un pentukuwün, se habla de quién eres y de dónde vienes, también está presente el tuwün, el tuwün se refiere a de dónde viene tu familia, porque también se hace memoria a las historias familiares. Evidenciar esas historias y el conversar con otro, coincidir y decir “yo también nací en la ciudad”, “yo también soy de allá”, o “somos primos de comunidad”, o “somos medios parientes”, todas esas narrativas ayudan a entender lo que es ser mapuche en comunidad, por la misma historia.

A mí me pasó mucho eso en Santiago, conocía a lamgen allá que conocían a mi mamá o a mi papá, y ahora que volví a territorio hay gente que los conoce a ellos. De alguna forma todos los mapuche nos conocemos, y lo voy entendiendo así, mi narrativa es la misma que la tuya, incluso si escarbamos un poco podemos ser parientes.

¿Qué estereotipos sobre el pueblo mapuche te interesa desmontar y por qué crees que siguen presentes?

No he sentido que en la actualidad sean tan fuertes los estereotipos, creo que depende del contexto, por ejemplo, cuando pasó lo de Catrillanca se hizo muy presente el tema de que era borracho y que no era una blanca paloma. Algo que he evidenciado en mis redes, no sé si es un estereotipo, es más un fenómeno que pasa cuando hay una noticia relacionada con los mapuche, a todos nos meten en el saco, y de alguna forma nos interpelan por lo que está pasando en otro sector. Tenemos que dar explicaciones de cosas que no vimos, que no nos corresponden, a veces en el campo no se tiene ni idea de lo que está pasando en otro sector, porque cada uno está preocupado de sí mismo. 

Antes de hacer vídeos también lo sentía, cuando estaba en Santiago, y ahora, yo quiero informar en las redes, pero no soy un canal informativo, y creo que lucho contra esa responsabilidad que no he asumido.  Mi contenido es para evidenciar otro tipo de luchas, no para defender a gente que no conozco, no me expongo a eso porque hay consecuencias después.

¿Qué lugar ocupan tu familia, tu comunidad o el territorio en tu manera de entender y vivir lo mapuche?

A través de mi familia entiendo muchos dolores que ocurrieron en temporadas anteriores, o consecuencias de lo que pasó con gente que ya no está, cómo repercutió en ellos, cómo eso repercute en mí, y qué haré yo al respecto cuando me toque heredar estas consecuencias.

Los antiguos resguardaron saberes porque sufrieron mucho, cuando yo quise retomar, vi cómo mis tías se asustaban porque yo quería ser mapuche, o  se enojaban con temas más religiosos que según ellas no eran propios de Dios, y yo decía: “pero si soy mapuche, no entiendo por qué somos mapuches para algunas cosas y otras cosas son satánicas”.  Nos lavaron el cerebro pensando en eso para quitarnos nuestra espiritualidad, nuestra fuerza, pero la historia de ellas me hace ser más porfiada, y pienso: “si ellas no quieren aprender, yo sí quiero, si a ellas les da miedo, a mí no”, pero ellas también me muestran el respeto hacia lo que hay, y yo valoro ese respeto. 

A veces miramos mucho para afuera y olvidamos que la familia es mapuche, tenemos la respuesta al lado y la buscamos en otro, pasa mucho eso. Yo valoro mucho a mi familia, me encanta que sean mapuche.

Como revista literaria nos interesa el lenguaje: ¿qué lugar ocupa la palabra —en castellano o en mapuzungun— en la construcción de identidad y en la resistencia cultural mapuche?

Como mapuche lo tenemos en el carnet, lo traemos con nosotros: el apellido. Cuando investigamos qué significa nuestro apellido, nos hace sentido en el carácter, en la forma de ser, por ejemplo: yo soy Miyapan, que significa león dorado, por eso el león se relaciona de alguna forma conmigo, te vas viendo en tu propio nombre, en tu linaje, en el tuwün de tu familia, de ahí parte la importancia de la palabra.

Cuando fui estudiando y entendiendo en profundidad las palabras en mapuche, por qué se dice como se dice, por qué hay un transitivo, una tercera persona, empecé a entender porqué el mapuche era tan parlamentario, tan oratorio, después fui pensando en mapuche. También encontré las mismas palabras en castellano, como por ejemplo, dos personas que se tratan de ñaña*, aunque quizás no entiendan la profundidad de un ñaña o de una amistad mapuche, es bonito escucharlo, o que «funaron» a esta persona y dices: “oh, eso viene de mi pueblo”, a mi me da una cosita en el corazón. 

Puedo ver que la lengua en algunos territorios agoniza, en otros está más presente en los niños, en otros hay gente que no le interesa, y a veces duele, y en mi caso poder llevarlo a las redes, mostrar cómo aún hay riqueza en el idioma, cómo se adquieren palabras del castellano y se conjugan al mapuche, o al revés, y entender que la lengua está viva porque la forma la humanidad, todos esos pensamientos son los que tengo en base a la palabra, pero como dije en un inicio, esto partió queriendo saber que significa mi apellido. 

¿Qué significa tu apellido?

Ha sido un aprendizaje Waikil porque en un sector me dicen algo, en otro sector me dicen otra cosa. Yo empecé entendiendo que Waikil era “punta de flecha”, pero no estoy segura de eso, porque tengo entendido que se le dice de otra forma. También me dijeron que Waikil era un pescadito, y es porque nada como una punta, así es como abre su camino. Cuando he conversado esto he pensado que realmente yo me siento así, que he ido abriendo mi camino y voy directo, como una punta de flecha. Hace poco me dijeron que podría ser un pajarito, entonces toda esa conversación es muy bonita. Y Queupomil, el queupo es una piedra importante dentro de la ceremonia, de los levantamientos espirituales. Así que tengo recuerdos de mí pensando: “soy doblemente piedra”, soy Waikil y Queupomilla, soy dura como una piedra, soy feroz.

Desde tu punto de vista ¿cómo pueden las nuevas generaciones fortalecer su identidad cultural sin sentirse obligadas a encajar en una única forma de “ser mapuche”?

A veces la gente que está alejada de esto tiene temor a faltar el respeto, a no encajar, o a veces se espera que uno sea un tipo de mapuche y en realidad se olvidan que somos personas, que aunque pertenecemos a una cultura, nunca hay que perder la identidad propia, el ser propio, los gustos propios. 

Ese es un razonamiento que he tenido conmigo misma, entender cuándo se falta el respeto o en qué contextos, porque en mi casa nadie me puede decir qué hacer, en mi casa yo sigo siendo mapuche siempre, aunque no esté con mi vestimenta, eso no se pierde, no se quita. Entonces hay que perder ese miedo a faltar el respeto, porque si faltas el respeto alguien te va a corregir y va a pasar y quizás te van a retar, pero es parte del proceso también. A veces hay lamngen duros, pero después entiendes por qué son duros. A mí me costó retomar, pero fui más porfiada que la gente que me quería hacer sentir que yo no pertenecía a esto, y un consejo que me dio un lamngen que yo siempre he transmitido es que: mi historia nadie me la puede poner en duda, nadie me la puede negar.  

También entender que no hay una única forma, pero sí, volviendo a lo que había comentado anteriormente, es importante la responsabilidad propia de volver a hablar en mapuche.  Eso es lo que te diferencia, te hace respetar y ser una persona respetable dentro de lo mapuche, porque ya no te pueden mentir, no te pueden chamuyar o cuestionar, porque tomaste un compromiso más allá de la gente, un compromiso contigo mismo, eso te lleva a otros lugares, con gente que de verdad tiene el kimün*, el conocimiento, no desde lo castellano, sino desde lo mapuche. Creo que ese es el mejor consejo que les puedo dar, hablar en mapuche, no tener miedo, y ser porfiado.


Lamngen: hermana o hermano.

Pentukuwün: saludo protocolar y ritual del pueblo Mapuche.

Tuwün: origen territorial y familiar.

Ñaña: hermana o mujer cercana.

Kimün: saber, conocimiento, sabiduría, conocer o sentir.