¿Por qué debemos leer los clásicos de manera activa?

Por Sofía Soto

Con el estreno de la nueva adaptación del clásico, Cumbres borrascosas, el debate sobre cómo debemos interpretar la lectura de estos libros ha vuelto a surgir. Uno de los argumentos utilizados por la directora del filme, Emerald Fennell, para cambiar significativamente las temáticas de esta novela gótica, es que reinterpreta su yo adolescente y el cómo entendió dicha etapa. Así, dándole un enfoque mucho más erótico, romántico y apasionado, se aleja del tono oscuro, vengativo y crudo de la historia original. Pero, ¿Qué pasa cuando una nueva lectura de un clásico traspasa los límites de la creatividad y no aporta a ninguna de las dos obras?

Para empezar, ¿Qué es lo que hace que un clásico sea un clásico? Son obras atemporales que definieron a la cultura occidental, con temáticas universales que superan las fronteras generacionales. Esta es su definición más superficial, pero, si analizamos la importancia de un clásico, debemos acercarnos a una descripción de la condición humana, escrita en historias trascendentales y ficticias. Don Quijote de la Mancha, Orgullo y Prejuicio, Crimen y Castigo, Cien años de soledad, entre otros, son títulos que encajan en esta categoría. Considerando que, la forma de escribir prosa y los problemas de la sociedad han cambiado, la lectura de un clásico para muchos puede volverse un tanto agotadora e, incluso, aburrida, sobre todo en el contexto de la digitalización y automatización contemporáneas. Sin embargo, el paso del tiempo no es ajeno, dado que hay historias que aún merecen ser contadas, incluso si le añadimos un poco de nuestra propia cosecha.

Una lectura activa se refiere a la disposición de leer un texto, no solo para memorizarlo, sino para comprenderlo, evaluarlo, hacerle preguntas y buscar respuestas, así como darle un significado a aquellas situaciones que parecieran ser ajenas y encontrar su relevancia para nuestras propias inquietudes. Todo se trata de dialogar con el conflicto y reconocerlo, mas no juzgar o ablandar sus temáticas. Al leer Cumbres borrascosas de Emily Brontë, no nos encontraremos con “la más grande historia de amor”, sino con un relato marcado por la perversión y un amor enfermizo. Heathcliff no es un galán de época que camina entre la neblina del amanecer como el señor Darcy, sino que es un personaje vengativo que tortura y desata la tormenta, motivado por un resentimiento de índole social. A diferencia de una lectura activa, esta adaptación realiza una lectura superficial, es decir, aquella que se apropia de una historia de manera simplista, reduciéndose a una sola dimensión. 

Debido a esto, es posible afirmar que, la más reciente adaptación de Cumbres borrascosas, toma el prestigio de un título consolidado para transformarlo en una fantasía contemporánea. Al contrario de lo que muchos piensan, el problema no recae en la música pop mainstream que acompaña a la banda sonora, ni los vestuarios de látex, puesto que se pueden incluir elementos modernos para darle un nuevo aire a la narración, como en muchas otras adaptaciones. El problema radica en la simplificación de las temáticas que construyen el argumento del libro como excusa para hacer una historia “romántica” que ya se ha visto reiteradamente.

No podemos definir una buena adaptación, dado que esta varía en muchos aspectos, pero, se puede afirmar que dichos parámetros no toman en cuenta la fidelidad con el libro, sino lo que esta nueva interpretación puede aportar a la obra original. Este aspecto es una de las genialidades del clásico, puesto que es capaz de incluir temas colectivos, tanto en un drama de época, como en una comedia romántica de los 2000, siempre y cuando podamos hacer un análisis crítico relevante y no como mera decoración, esto último, teniendo en cuenta el contexto actual que vuelve la cultura en estética.

  Continuando con esto, el clima actual nos permite ver cómo estamos leyendo de forma diferente con el auge de plataformas como TikTok o, más específicamente BookTok, área que evidencia que nos estamos alejando de los libros que requieren paciencia y un análisis más profundo. Esto es un problema, dado que buscamos lo más rápido, entretenido y sencillo: leemos bajo el filtro de las redes sociales, discursos de moral y cultura de la cancelación que no nos permiten ver más allá y cuestionarnos. 

Al final, leer un clásico de manera activa no debería ser un ejercicio nostálgico ni una obligación académica, sino de comprensión y resistencia. No se trata de una fidelidad absoluta, sino de exigir profundidad, sobre todo si lo que estamos adaptando es un libro que sobrevivió en el tiempo. 

Sobre la autora

Sofía es estudiante de periodismo. Se dedica a escribir artículos de opinión referidos a problemáticas que atraviesan las mujeres, basándose en referencias de la cultura pop.