Vacía
Por Fredsly Lizama
Lagrimas llorada sin ser lloradas
Odio.
Rabia.
Frustración.
Quiero llorar pero no puedo.
Siempre supe que no encajaba, siempre me di cuenta, pero no quise verlo.
Dolía, dolía demasiado.
Duele y va a seguir doliendo, una herida que nadie más ve, una voz que nadie oye, una que grita pidiendo ayuda.
Pero nadie puede escucharla, su voz es opacada por la permanente sonrisa, esa amabilidad fingida, por la personalidad fingida.
¿Por qué tú? Se suponía que tú me conocías mejor que nadie, aun así, no fuiste capaz de escuchar a esa voz y te dejaste seducir por la otra.
No fuiste capaz de verme realmente, grite y grite rogando a Dios por auxilio, grite hasta que me quede sin voz. Grite hasta que mi alma se apagó.
Lágrimas sin ser lloradas, como ecos en la garganta, atrapadas en un rincón oscuro. Odio. Rabia. Frustración. Siento todo eso, pero mis ojos permanecen secos, incapaces de derramar lo que mi corazón desborda. Siempre supe que no encajaba, que había algo en mí que nunca se ajustó al molde, pero no quise verlo. Cerré los ojos, me tragué el dolor, hasta que ya no pude recordar cómo se llora.
Cada día la herida crecía. Nadie la veía, ni siquiera tú. La voz que pedía auxilio se ahogaba entre sonrisas forzadas, entre gestos amables que nunca llegaron a tocar el alma. Fingí ser alguien que no era, y tú te dejaste seducir por esa máscara. La otra me opacó, me anuló.
Te conocía, o al menos eso creía. Pero nunca me viste realmente. Grité, te llamé, pero mi voz se perdió, absorbida por la oscuridad de mi propia soledad. Grité hasta quedarme sin fuerzas, hasta que mi alma se apagó.
Y ahora solo quedo ella, una muñeca que se mueve con vida propia, con la voz que me opaco.
Vacía y sin alma.
Sobre la autora
Fredsly Lizama Garrido (1997) es arquitecta de profesión, lectora y escritora de corazón. En su interior conviven mundos y voces que anhelan volverse palabra y hallar un lugar en los ojos de otros.
