Astenia
Por Nicolás Villar
Sonó la alarma, pero llevaba al menos 3 horas en vigilia. Con dificultad alcanzó el celular para apagarla. De costado, seguía mirando la pared escuchando el segundero del reloj del living.
Sonó la alarma. La dejó un par de minutos antes de darse la fuerza de alzar su mano nuevamente. Cada tono que emitía parecía que le increpaba a gritos lo inútil que se veía.
Sonó la alarma, se sentía incapaz de moverse, incapaz de pensar. Sólo se repetían en su cabeza esas ideas que no lograba acallar, y que le insistían, despiadadas, que hiciera cosas que no había hecho aún por cobardía.
Sonó la alarma, la cuarta era la última y con el brazo fatigado la apagó. Los fantasmas en su interior le seguían gritando, pero aunque quería sentarse en el colchón su cuerpo no le obedecía.
Sería otro día sin salir de la cama. Cada tanto pensaba que, quizá, eso era lo más parecido a estar muerto.
Sobre el autor
Nicolás Villar es cuentista, de las diversidades y profesional de salud. Le gusta saber que su escritura es el relato real del que duele. Con años de acompañamiento quiere entregar el testimonio de historias sin maquillaje. Se hizo médico para entregar una mano, pero se formó como paciente; se hizo escritor para ser testigo, pero por neurodivergente no dejó de escribir; se hizo humano para estar, pero por su letra en el LGBT también fue apartado. Y ahora le toca contar cuentos.
