El 14 de febrero será entre amigas, o no será: Una oda a la tertulia cómplice
Por Freyja
Cada febrero, el mercado nos intenta vender una idea del amor que tiene forma de pareja, de cena para dos y de exclusividad romántica. Pero, si miramos de cerca nuestras vidas, el amor que realmente nos sostiene– el que nos ha salvado de los domingos tristes, de los empleos agotadores y de los corazones rotos– no suele llevar un ramo de rosas bajo el brazo. Ese amor llega con dos tazas de café (o una copa de vino) y se llama amistad.
¡La red que nos sostiene! Desde una perspectiva feminista, reivindicar el 14 de febrero como un día de celebración de la sororidad es un acto político. Históricamente, se nos ha enseñado a competir entre nosotras, a mirarnos con sospecha por el favor de un tercero. Romper ese mandato para sentarnos a la mesa a compartir la palabra es, quizás, la forma más pura de resistencia.
El sistema actual, de intersección entre capitalismo y patriarcado, necesita de nuestro aislamiento para funcionar. Mientras el primero nos vende la ilusión de la “madre perfecta/autosuficiente”, que debe resolverlo todo mediante el consumo y la productividad individual, el segundo confina los cuidados al ámbito privado, invisibilizándolos y rompiendo los hilos de la comunidad.
Nos quieren solas porque una mujer aislada es más vulnerable, más apta para la autoexplotación y menos propensa a cuestionar las estructuras que la agotan. El aislamiento es, en última instancia, la privatización del cansancio. Por eso, rescatar la idea de la “tribu de mujeres” en fechas como esta no es un romanticismo del pasado, sino un acto de resistencia política.
Volver a mirarnos, compartir la crianza, la gestión del hogar y del desarrollo profesional. La tribu nos devuelve la identidad que el sistema intenta borrarnos bajo la etiqueta de “prestadora de servicios”; es el espacio donde el cuidado deja de ser una carga individual para transformarse en una responsabilidad colectiva y gozosa. Hoy, tejer red es nuestra forma más radical de insurgencia.
La verdadera «tertulia» no es solo un intercambio de información; es un espacio seguro donde dejamos de ser «la pareja de», «la hija de» o «la madre de», para ser simplemente nosotras. En esas conversaciones, el amor se manifiesta como escucha activa, la búsqueda en conjunta de soluciones, y como el apoyo entre amigas nos ilumina para avanzar.
El amor como refugio político. Si el amor romántico tradicional a veces nos ha exigido silencio o sacrificio, la amistad entre mujeres nos exige voz y presencia. Celebrar a nuestras amigas este febrero es reconocer que nuestras redes de apoyo son el motor que permite que sigamos habitando el mundo con seguridad.
Propongo que este 14-F brindemos por:
- Esas amigas que son «naranja entera» y nos acompañan en nuestra propia plenitud.
- Las tertulias que terminan en risas compartidas y soluciones creativas a problemas que parecían gigantes.
- La convicción de que no necesitamos ser «rescatadas», porque ya estamos juntas.
Este año, elijamos la ternura radical de la complicidad. Porque el amor más duradero, el que no caduca ni se empaqueta, es aquel que nace en la libertad de una charla sincera entre iguales, una verdadera amistad.
Natascha Gálvez Córdova,
Cientista Política UDP.
Sobre la autora
Freyja, tu bruja de confianza.
Busca tender puentes entre la justicia social y el saber ancestral, utilizando la mística como una herramienta de autoconocimiento y resistencia política. Se dedica a desmitificar lo oculto para ponerlo al servicio de la liberación de las mujeres y disidencias. Cree firmemente que la “magia” no es una fuga de la realidad, sino la palabra/mensaje/novedad (Dungu) necesaria para transformar el presente. Cuestionemos juntas las estructuras impuestas, y encontremos en Dungu Social una brújula para los tiempos que corren.
