Las musas irreales de la ficción: “Manic Pixie Dream Girl”
Por Sofía Soto
En el cine han existido múltiples arquetipos para representar a los personajes femeninos, algunos más fidedignos a la imagen y semejanza de las mujeres; otros, por el contrario, recaen constantemente en estereotipos que estamos cansadas de ver. ¿Alguna vez has visto uno con las siguientes características: algo torpe o emocionalmente inestable, pero con una personalidad excéntrica, inexplicablemente atrayente, la cual llega a la vida del protagonista dejando una enseñanza? En ese caso, estás en presencia de una Manic Pixie Dream Girl, una de las narrativas más frecuentes en el cine.
El término fue acuñado por el crítico Nathan Rabin, quien en 2007 describió a estos personajes como mujeres hermosas, excéntricas y peculiares, cuya única misión en la historia es contribuir con el desarrollo del protagonista, cumpliendo la figura de interés romántico. En su traducción literal al español puede traducirse como chica de ensueño pixie maníaca, representando este retrato de una mujer joven construida como fantasía para el deseo masculino heterosexual. Criaturas casi místicas que iluminan sus dudas y dirigen sus caminos, disfrutando de la vida. Y para empezar, me gustaría hacer un énfasis en aquellas características (torpe, aniñada, trastornada, pero desbordante de energía y hegemónicamente hermosa) y cómo estas pueden contribuir al ideario imposible, pero al mismo tiempo aspiracional, que las mujeres y toda la sociedad tienen sobre nosotras mismas, explicándolo a través de personajes que encarnan mejor o que yo considero Manic Pixie Dream Girls.
Obviamente, debíamos empezar con quien inició el término: Claire Colburn en Elizabethtown, y es que Nathan Rabin definió a las MPDG haciendo una crítica a esta película, en la cual describe a Claire, interpretada por una joven Kirsten Dunst, como “una insular criatura del mundo del cine, poco profunda y que existe solo en la febril imaginación de sentimentales escritores y directores que animan así a los jóvenes varones sensibles a abrazar la vida y sus aventuras e infinitos misterios”. Ella llega a la vida del protagonista en su momento más vulnerable, estancado laboralmente y de apariencia sin ninguna motivación. Pero una vez que Claire Colburn lo ayuda e incentiva a buscar su propia felicidad, todo parece tener sentido.
Uno de los objetivos al momento de escribir una Manic Pixie Dream Girl es ser not like other girls (no como las otras chicas), pero al mismo tiempo carecer de profundidad o realismo. Por años nos han enseñado a usar la ficción como modelo, empujándonos a imitar ideales imposibles. Esta temática en películas nos adoctrina a actuar siendo graciosas, peculiares y con gustos que coincidan con los del interés amoroso masculino, pero solamente si eres lo suficientemente hermosa como Kirsten Dunst o Kate Winslet. Solo así podrás ser la protagonista de una historia de amor. ¿Alentador, no?
Mientras que personajes como Summer, de 500 días con ella, o Clementine, de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, me hacen replantear si el uso de este concepto es verdaderamente malo. Porque sí, todas ellas cumplen con los rasgos que definen el perfil de una MPDG, pero son abordadas de una forma que las hace no solo interesantes para el protagonista, sino también para la audiencia. Dentro de lo que las hace resaltar está la manera en la que son escritas: terminan siendo personajes complejos que no solo impulsan al protagonista masculino, sino que también exploran sus propias luchas internas. Summer, por ejemplo, intenta romper la idealización que Tom ha dibujado sobre ella, pone sus límites y, al mismo tiempo, mueve el crecimiento del otro personaje. Clementine, por otro lado, es un personaje tridimensional, realista, con múltiples capas y evolución, ayudando a la identificación, especialmente de la audiencia femenina.
Finalmente, el problema con la concepción inicial de la Manic Pixie Dream Girl es que recae en la representación sexista de las mujeres, escrita para satisfacer los deseos de la sensibilidad masculina. Haciendo que, en tanto los hombres buscan mujeres como Ramona Flowers, las mujeres busquen parecerse a Marla de Fight Club. Es un problema de narración cuando reducimos a uno de los personajes a obedecer sumisamente los valores y estándares de la sociedad. Los hombres reprimidos del cine necesitan de una “rarita”, pero no lo suficiente como para que deje de ser estereotípicamente bella y funcional a sus necesidades. Estas narrativas usan a las mujeres como herramientas para impulsar el crecimiento emocional de hombres inseguros. Pero, por el contrario, la buena construcción y representación de una mujer identificable puede llevar a grandes historias.
Referencias
Rabin, N. (2007, 25 enero). The Bataan Death March of Whimsy Case File #1: Elizabethtown. The A.V. Club. https://www.avclub.com/the-bataan-death-march-of-whimsy-case-file-1-elizabet-1798210595
Sobre la autora
Sofía es estudiante de periodismo. Se dedica a escribir artículos de opinión referidos a problemáticas que atraviesan las mujeres, basándose en referencias de la cultura pop.
