Lo que diciembre no se lleva  

Por Francisco Quintana Díaz

Diciembre no cierra: reaparece. Vuelve en las luces que parpadean, en los nombres que faltan al llamar la mesa, en esa música que nadie elige pero todos recuerdan. La nostalgia no es solo pena; es la prueba de que algo fue verdadero.

Cada fin de año repetimos rituales para no olvidar quiénes fuimos. Brindamos con quienes quedan, guardamos silencios donde antes había risas, prometemos cambios que tal vez no lleguen. Diciembre mezcla despedidas y comienzos con una delicadeza cruel: nos obliga a mirar atrás justo cuando el calendario empuja hacia adelante.

La nostalgia nos acompaña como una sombra amable. Nos recuerda que sobrevivimos, que amamos incluso cuando dolió, que seguimos aquí. Y quizá eso, al final del año, sea la forma más honesta de celebrar.