Luces

Por Nicolás Villar

Encendió las luces y observó su tintinear con una pequeña sonrisa. Los colores brillaban en sus ojos avivando el árbol que conservaban desde hacía años. La estrella que lo coronaba era una pieza nueva, y había sido ella la que había elegido especialmente para esta Navidad.

Sabía que nadie iba a llorar esta vez. Sabía que por ahora su delgadez no sería protagonista. Sabía que no dejaría que sus náuseas y fatiga la llevaran a la cama antes de ver a sus primos y sobrinos abrir sus regalos fascinados. Sabía, con convicción, que su cuerpo frágil le concedería el capricho de resistir esa sola noche.

Se anudó en su cabeza calva el pañuelo de cascabeles que había conseguido especialmente para la ocasión y dejó bajo el árbol el paquete que había preparado. Uno solo. Para todos. Abrió la bolsa de galletas y aunque desistió de comer alguna recordó cuánto las disfrutaba. Sintió cómo la comida ya impregnaba la casa con sus olores. Su familia ya comenzaba a hacer el barullo habitual de cada encuentro. 

El atardecer ya dejaba que las luces de colores brillaran sobre muebles y paredes, y al sentarse a cenar se aseguró de grabar en sus manos la textura del mantel que sólo sacaban de su escondite una vez al año.

Sabía, con convicción, que su cuerpo le regalaría esa sola noche. Y sabía, agradecida, que sólo necesitaba esa sola noche.

Sobre el autor

Nicolás Villar es cuentista, de las diversidades y profesional de salud. Le gusta saber que su escritura es el relato real del que duele. Con años de acompañamiento quiere entregar el testimonio de historias sin maquillaje. Se hizo médico para entregar una mano, pero se formó como paciente; se hizo escritor para ser testigo, pero por neurodivergente no dejó de escribir; se hizo humano para estar, pero por su letra en el LGBT también fue apartado. Y ahora le toca contar cuentos.