La cultura pop también es política: el retorno del conservadurismo
Por Sofía Soto
A lo largo de la historia, las expresiones culturales han sido cada vez más importantes para el desarrollo de la humanidad. Estas no se reducen al campo del ocio y la recreación, sino también a la toma de decisiones e ideologías de quienes las adoptan.
La moda, la música, el cine y la televisión, anteriormente transportados a través de revistas o artículos físicos, hoy son capaces de llegar a todo el mundo gracias a las redes sociales. Hoy por hoy, las tendencias no son solo tendencias; estas llegan como una especie de mensaje subliminal en nuestras cabezas, siendo capaces de moldear nuestras creencias, valores y percepción del mundo. Tampoco se trata de estimar que las audiencias son un grupo de personas manipulables ante cualquier elemento de moda, pero a veces seguir a las masas es inevitable. Todo esto me ha hecho pensar: ¿Qué tienen que ver estos conceptos de moda, como el clean look, las trad wife y las “mujeres de alto valor” con el regreso de los valores tradicionales?
Partamos desde la idea de que todos los trends, últimamente viralizados, no surgen porque sí. Todo está creado desde una razón adaptada al contexto actual. Con la masificación de las redes sociales y lo constantemente sobreestimulados que estamos ante esta ola de cosas nuevas cada día, podemos afirmar que el mundo no se detiene.
De esta forma, todo lo que llegamos a ver en TikTok o Instagram llega a nuestras vidas, a veces de forma inevitable, afectando en todos los ámbitos. Buscamos una imagen que refleje la aprobación de los demás, perdiendo nuestra propia esencia, pasando a ser solo un artificio de una sociedad capitalista y consumista.
Pero, ¿Qué relación hay entre las compras en línea, las marchas y los Labubus con los valores tradicionales? No se trata de hacer una sobrelectura de lo que la gente compra y cómo luce, sino de entender qué de qué raíz viene y qué queremos expresar con nuestra imagen. Comencemos con el clean look, al parecer un estilo inofensivo que se basa en peinados estirados y una cantidad casi invisible de maquillaje. Se ve muy lindo, pero sin querer estamos haciendo caso a la imagen y estándar de una sociedad en donde se nos quiere más recatadas, limpias y sencillas. El mensaje que se esconde detrás de un recogido tan estirado es la sumisión y convertirnos en un grupo de clones en busca de la perfección. Y sí, se puede pensar que esto viene desde la frivolidad y superficialidad (al fin y al cabo, es solo una tendencia), pero el problema no es usar poco maquillaje, sino el discurso clasista y racista detrás. Digámoslo como es: ¡el clean look está matando la creatividad!
La moda es un espejo o representación muy fiel del contexto social. Sin irnos muy atrás, recordemos la época de los 80, 90, 00 o incluso del 2010: todo se basaba en extravagancia, colores, rizos, un maquillaje cargado; finalmente, personalidad. Cuando, en la actualidad, la moda se basa en un estilo muy recatado, lujoso y elegante que va en contra de la expresión artística, la diversidad y el poder de la mujer, contexto en el que el clean look cumple con los estándares de un papel ideológico que nos conecta con el conservadurismo.
Por otro lado, una tendencia que, a mi parecer, es una de las más graves: las trad wife. Esto, más que una imagen, lo que quiere demostrar es un estilo de vida tradicional que retoma las ideas religiosas de los 50 y 60, en donde las mujeres quedan suprimidas a las labores del hogar y la familia. Esto no requiere de mucha explicación, ya que representa a las mujeres perfectamente arregladas que dedicaban la mayor parte de su día a la cocina y el cuidado de sus hijos. ¿Qué más puede significar? Y sí, el feminismo se trata de que las mujeres podamos elegir y, en base a esto, la tendencia trad wife se defiende, bajo el nombre de “elección” que muchas mujeres deciden tomar. Pero ¿qué pasa cuando esta decisión está fomentada desde hace siglos? ¿Sigue siendo una decisión si esta cumple con las expectativas que la sociedad conservadora impone sobre las mujeres?
Ahora, las “mujeres de alto valor” es un término que hace referencia a aquellas que debemos ser mantenidas por un hombre proveedor, porque, de lo contrario, se dice que traicionas tu energía femenina (si no los convencí en este punto, no sé lo que pasa, porque esto grita ¡Años 50!). Esto solo promueve la dependencia económica y los roles de género con nombres más modernos, ya que este discurso te dice básicamente que el éxito, poder económico y liderazgo es cosa de hombres al considerarse “energía masculina”. Este pensamiento es completamente segregacionista, no solo con las mujeres, también con los hombres: busca imponer una expectativa y reglas que ambos géneros deben cumplir, es decir, mientras el hombre sustenta tus exigencias y deseos, tu valor como mujer será exponencial.
La idea de una sociedad que promueve este tipo de cosas me parece cada día más decepcionante. ¿Dónde están las juventudes inquietas que buscaban cambiar el mundo, luchar en contra del sistema y de las desigualdades? Esto no es muy ajeno al caso chileno: los jóvenes de los 80 que escuchaban a Los Prisioneros, marchaban en las calles y odiaban al dictador eran quienes buscaban un cambio y lo reflejaban en su ropa, música y estilos con personalidad, los que representaban la rebeldía y originalidad. No querían escuchar a sus padres ni al patriarcado.
Es así que no puedo evitar preguntarme, ¿Cómo pasamos de eso a ser jóvenes conformistas que no luchan por cambiar el mundo y que queremos parecernos al de al lado cada vez más? Finalmente, creamos una masa de personas consumistas que buscan la felicidad en lo material; hambrientos, no de revolución, sino de poder adquisitivo y volver al mundo conservador. Así es como, gracias a las redes sociales, replicamos, más no nos inspiramos. No me refiero a una contradicción instantánea: puedes usar poco maquillaje o el pelo recogido y seguir creyendo en Marx, pero ¿Qué pensarán aquellos que lucharon por las libertades de nosotros que, hoy, gozamos de nuestra conducta conservadora?
Sobre la autora
Sofía es estudiante de periodismo. Se dedica a escribir artículos de opinión referidos a problemáticas que atraviesan las mujeres, basándose en referencias de la cultura pop.
