Le hace falta un beso

Por Serina Storni

En el atardecer de la luna argentea, las luciérnagas bailaban y los colores del cielo eran armoniosos. Celestes, plateados y naranjos. El viento susurraba poemas de amor con fiereza incontenible. Y la luna era testigo de la confesión de Vienna.

一Este amor por ti quema tanto que me duele 一dijo Vienna.

Su expresión emitía unos ojos vidriosos y una sonrisa triste. Su respiración se entrecortaba a milisegundos. Pero no dejaba de sonreír, fuera algo bueno o trágico. Todo sea por el chico que tenía en frente de ella, aquel que le hacía temblar el alma con sólo una mirada, aquel que deseaba con toda su vida. 

Vienna deseaba a Gale.

Gale deseaba a Vienna. 

Entonces, ¿por qué Gale apartó la mirada?

No se podía. 

Vienna era consciente de que la distancia podía asesinar relaciones y en este caso no habría excepciones. La distancia reía a carcajadas por ser testigo de todas las separaciones que confabulaba a su favor. Lo gozaba, pero Vienna no.

Vienna intentó algo más. 

一Te diré como me siento hasta el cansancio, Gale 一dijo Vienna.

Entonces, ella le contó todo. Que se sintió atraída por sus ojos castaños desde el primer momento, que con su personalidad la conquistó a través de los años y que sus sentimientos se incrementaban con cada conversación, con cada toque, con cada mirada. 

¿Y el beso? Aún no se lo daban. Pero, ¿ese gesto llegaría? 

Sólo Gale lo sabía. 

Gale la miraba con un rostro sonrojado y con unos ojos enamorados hasta el fin del vasto firmamento. Vienna conmovió su corazón. Sus palabras retumbaron en cada poro amoroso de Gale. Y eso era algo difícil de lograr, ¿por qué? Porque Gale tenía en su mirada una frialdad inconmensurable y a causa de esto se escuchaban rumores. Aunque Vienna sabía eso, nunca se dejó llevar por lo que el resto decía y sólo creería lo que sus ojos mieles vieran y sus oídos escucharan. Lo que observó Vienna fue algo diferente de lo que decían de Gale y ese contraste la hizo sentir más curiosidad por él.

Gale la abrazó. 

¿Qué más podía hacer? Un beso, eso faltaba.

Vienna aceptó el abrazo. Decepcionada, porque quería un beso. Porque le hacía falta un beso. Ese maravilloso gesto que se daba entre dos personas enamoradas, como ellos. 

Gale se separó de ella tan sólo unos centímetros, y ambos quedaron cerca el uno del otro. Gale comenzó acercándose a ella y Vienna cerró sus ojos, sólo porque debía aprovechar este momento. Ya saben, Carpe Diem. Porque el tiempo perdido ya no vuelve más, nunca más. 

Gale primero posó sus labios sobre los de Vienna y cuando sus respiraciones se mezclaron, sus alientos se juntaron y ambos movían los labios al son de un compás. Gale abrazaba a la chica de su cintura y Vienna tenía apresado su cuello. Así, la luna argente era testigo del dulce momento que se daba entre ambos. Los miraba con envidia, porque ella nunca podría estar con su amor. 

一Gale… 一susurró Vienna.

Se le derramó una lágrima a Vienna. Gale le acarició su mejilla eliminando todo rastro de llanto. 

¿Lloraba por tristeza o felicidad? Sólo Vienna lo sabía. 

El vestido de Vienna se movía grácil con el viento. Y el clima se tornó helado, la nieve pronto caería. Ambos lo sabían. 

Y caían copos de nieve como pequeños pedazos de nubes, congelándose. El clima era así en esa localidad, un día podía estar soleado y al otro podía nevar. Estaban acostumbrados a dicho panorama. 

Sonó la campana del tren. El tiempo pronto se acabaría. Vienna cerró sus ojos, tenía que. Su sueño que parecía más fantasía que realidad acabaría con la partida de Gale. Él le seguía acariciando la mejilla. 

一Vienna, eres única 一dijo Gale.

Vienna calló. 

Una sonrisa triste seguía apareciendo en su rostro. Ella sabía que tenían un amor imposible, pues la distancia los aniquilaba. Sin embargo, no se podía hacer nada. Así era la situación. 

Escuchaban el tren cada vez más cerca. Vienna quería detener el tiempo en ese instante. Aunque sabía que era imposible, al menos en sus sueños aparecería Gale. Le quedaba esa salvedad, el mundo onírico podía hacer de las suyas. A veces. 

El tren se detuvo y Vienna rompió en llanto. No quería que Gale se fuera, porque era consciente de que nunca más se volverían a ver.

Gale la abrazó y le susurró algo en su oído. 

Vienna sintió paralizarse por un momento, su llanto se calmó, su sonrojo emergió. Y un último beso le dio Gale. Este se alejó y se subió al tren.

Siempre eran tristes las despedidas. El sentimiento de pérdida, un duelo no resuelto. Era un disparo al corazón y Vienna lo sentía en vivo y en directo. La nieve caía cada vez menos, como si sintiera lástima por Vienna. 

Vienna siguió su camino, porque no podía permitirse perderse a sí misma por un chico. Así que siguió su vida como de costumbre. Se enfrascó en su labor de herbolaria, ayudaba así a la gente de su pueblo. Con sus preparaciones casi mágicas, los enfermos del pueblo se recuperaban.

Llegó el día en donde el hada del amor la vino a visitar a su local de herbolaria. Ella lucía como un espectro fantasmagórico, pero con un rostro bello, aunque casi traslúcido. Vestía un atuendo plateado y una varita con forma de corazón en la punta. 

一Tienes en tus ojos un amor infructífero tan lindo que me llega a dar envidia 一le dijo el ente del amor. 

一¿Qué necesitas? 一dijo Vienna, con un escalofrío recorriéndole la espalda. 

一Quiero que me entregues tus sentimientos románticos. 

Vienna dudó. 

一Si lo haces, con mi magia haré que vuelvas a ver a tu chico. 

Vienna la quedó mirando con esperanza al principio y luego con una mirada desdeñosa. Podría existir una trampa en sus palabras, por más tentador que sonara. 

Vienna iba a responder pero no contaba con…

一No entregues tus sentimientos, Vienna. He regresado para quedarme 一dijo Gale. 

El hada bufó en señal de frustración, porque casi logró su cometido. Ella tenía sus propios problemas amorosos. Y así, se desvaneció. 

Vienna lo miró con nostalgia y añoranza. Al fin, su deseo se había cumplido. La pasión había triunfado. Corrió para abrazar a Gale, quien la atajó y ambos compartieron un dulce abrazo. 

Gale y Vienna vivieron felices para siempre. Por toda la eternidad incluso, aquí y en el más allá, en esta vida y en las próximas estarían juntos gracias a su conexión.

FIN

Sobre la autora

Serina Storni nació el 7 de junio de 1996. Desde una tierna edad descubrió el mundo de las letras, empezó leyendo una gran cantidad de clásicos de la literatura, luego se interiorizó en el mundo de la escritura. Empezó escribiendo cuentos de fantasía y de romance. También en años posteriores escribió novelas, obras dramáticas y poesía. Luego empezó a leer y a escribir fanfictions de diversos fandoms. Actividades, las cuales sigue ejerciendo hasta el día de hoy. Con respecto a las novelas, Serina se encuentra reescribiendo dichos borradores. Su estilo narrativo está impregnado de romanticismo y fantasía. Adora al mundo onírico y poético. Su fuerte es la escritura de novelas, pero el mundo de la poesía la llama a ratos, y Serina se adentra en ese mundo. Espera poder dejar una huella en el mundo con su estilo narrativo único y marcado.