Mujeres y resistencia: protagonistas en el triunfo del NO en Chile
Por Fernanda Luna
El plebiscito del 5 de octubre de 1988 fue un momento decisivo en la historia de Chile, cuando la ciudadanía tuvo la oportunidad de manifestar en las urnas su rechazo a la continuidad de la dictadura encabezada por Augusto Pinochet. El triunfo del NO se explica desde distintas aristas, como la estrategia política y el despliegue comunicacional; sin embargo, se construyó gracias a una larga y persistente resistencia social, cultural y comunitaria. En esa resistencia, las mujeres desempeñaron un papel fundamental. Desde la política hasta el arte, y desde la literatura hasta la acción comunitaria, fueron voces que sostuvieron la memoria, denunciaron la represión y dieron forma a la esperanza de un país democrático.
Entre estas mujeres, una figura que destaca es la de Gladys Marín, secretaria general del Partido Comunista de Chile, quien dedicó su vida a la lucha contra la dictadura. Perseguida y exiliada, Marín representó la valentía y la intransigencia frente a un régimen que buscaba silenciar toda disidencia. Durante los años previos al plebiscito, fue una de las principales voces que impulsaron la organización social y política, contribuyendo desde un espacio donde se articulaban la resistencia y las fuerzas opositoras. Su figura encarna el compromiso político y la convicción de que la democracia debía ser conquistada mediante la participación activa del pueblo.
La literatura y el arte, como formas de crítica social y subversión, se materializaron en diversos personajes que, desde lo clandestino, gestaban parte de la fuerza que penetraría en la sociedad como resistencia ante el régimen. Escritoras como Carmen Berenguer, con su poesía y su labor cultural, mantuvieron vivo un lenguaje crítico frente a la represión. En el ámbito internacional, Isabel Allende visibilizó lo que ocurría en Chile desde el exilio, poniendo en circulación testimonios y relatos que mantuvieron la causa chilena presente en el mundo. Diamela Eltit, por su parte, aportó a la resistencia desde la literatura y la reflexión cultural. Su narrativa experimental, cargada de símbolos y rupturas lingüísticas, expuso la violencia del poder y las huellas de la represión en la subjetividad, especialmente en las mujeres, mostrando cómo la escritura podía convertirse en un espacio de confrontación que desafiaba los discursos oficiales e invitaba a repensar la libertad en términos políticos y personales.
Junto a la palabra escrita, el arte visual también se transformó en un lenguaje de oposición. La artista Lotty Rosenfeld, integrante del colectivo CADA (Colectivo de Acciones de Arte), utilizó las calles de Santiago como soporte para denunciar el autoritarismo. Su intervención más emblemática, Una milla de cruces sobre el pavimento, transformó las señales viales en símbolos de cuestionamiento del orden establecido. Con ello, Rosenfeld convirtió lo cotidiano en un acto político y reflexivo, recuperando, de cierta manera, el espacio público. Por otra parte, el CADA, como colectivo, junto con diversos artistas, promovió el emblema NO + en distintos contextos para referirse a la resistencia contra la dictadura; un lema que posteriormente sería utilizado de forma masiva por muchos otros grupos y movimientos a lo largo del país.
Dentro de las múltiples voces que articularon la oposición a la dictadura, destaca en la esfera de las políticas públicas Fanny Pollarolo, médica psiquiatra y militante del Partido Socialista, quien aportó desde su compromiso con la defensa de los derechos humanos. Su participación en el Comando por el NO reflejó el esfuerzo colectivo de líderes sociales e intelectuales que buscaban recuperar la democracia y garantizar un futuro en el que la dignidad y la justicia ocupan un lugar central.
Si bien muchas mujeres lograron visibilizarse desde sus esferas artísticas, políticas y públicas, también hubo miles de mujeres anónimas que, organizadas en ollas comunes, agrupaciones vecinales o comités barriales, resistieron al hambre, cuidaron a los hijos de los presos políticos y marcharon exigiendo justicia. Espacios como los colectivos de madres de detenidos desaparecidos y, en particular, la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), se convirtieron en un símbolo de lucha. Muchas de estas mujeres, sin trayectoria política previa, asumieron un rol protagónico en la denuncia pública de los crímenes de lesa humanidad, organizando marchas, actos conmemorativos y huelgas de hambre que desafiaban el silencio impuesto por el régimen. Su persistencia no solo permitió visibilizar internacionalmente las violaciones sistemáticas a los derechos humanos en Chile, sino que también mantuvo viva la memoria de quienes fueron víctimas de la desaparición forzada.
Con ellas, con quienes sostuvieron la vida en condiciones adversas, conmemoramos ese momento histórico, que también implica reconocer que la soberanía popular fue gestada, en gran medida, por la creatividad, la valentía y la perseverancia femenina. Conmemoramos para mantener viva la memoria y para que, en nuestra historia, no se repitan nunca más episodios oscuros que pongan en peligro la democracia de nuestro país.
Sobre la autora
Nacida en Talca en 1995. Poeta y bruja. Sus versos buscan una conexión con planos etéreos, donde el alma pueda navegar y descubrir distintos escenarios que invitan a la reflexión a través de la liberación de las emociones.
