Entre la letra y el sentido: el poder político de la traducción

Por Mila

¿Puede una sola frase cambiar el sentido completo de una historia? En la traducción del anime El verano que murió Hiraku, un sencillo me gustas fue convertido en un tibio “me caes muy bien” (2025, ep. 1). Para algunas personas, es un error menor; para otras, una alteración significativa que modifica la esencia del vínculo entre los personajes. En este sentido, el traductor no es un mero intermediario, sino un agente activo que transforma la obra original a través de sus decisiones conscientes e inconscientes. Por ello, traducir nunca es un acto neutro, sino una reescritura que, en esta ocasión, se convierte en un acto de pérdida que los espectadores leen como un acto de censura y homofobia.

El verano que murió Hiraku es un anime de género terror, misterio y thrillers, estrenado el 6 de julio de 2025, basado en un manga homónimo publicado por Kadokawa Shoten. La serie fue producida por el estudio CygamesPictures y distribuida internacionalmente por Netflix. Kadokawa Shoten, editorial que forma parte del Kadokawa Group, se destaca por promover activamente la diversidad e inclusión, respetando todas las formas de identidad. Este enfoque se refleja tanto en sus publicaciones como en su entorno laboral, fomentando una cultura inclusiva y respetuosa (Kadokawa, 2023).

La trama sigue a Yoshiki e Hikaru, dos amigos de la infancia que comparten su vida cotidiana en un tranquilo pueblo rural. Todo parece transcurrir con normalidad hasta que Hikaru desaparece misteriosamente durante una semana en las montañas. Cuando regresa, conserva la misma apariencia y los mismos recuerdos, pero Yoshiki percibe algo inquietante: la persona frente a él ya no es el Hikaru que conocía, sino alguien o algo distinto que se ha adueñado de su cuerpo. Tras su estreno, la serie generó polémica entre la comunidad hispanohablante, principalmente por cambios en la traducción al español que suavizaron confesiones amorosas, lo que llevó a acusaciones de censura e invisibilización de la comunidad LGBTQ+.

El debate sobre la traducción no es nuevo. Ya en la Roma clásica, Cicerón (s. I a.C.) advertía que traducir no consistía en trasladar palabra por palabra, sino en transmitir el sentido y la fuerza del original (De optimo genere oratorum, s.f.). Para él, el traductor debía ser capaz de recrear en su lengua el mismo efecto que producía el texto de partida. Sin embargo, esta libertad interpretativa tiene un límite, como muestra la polémica reciente en la traducción del anime. En respuesta a las críticas, María Victoria Rodil utilizó su cuenta de X para aclarar su postura, escribiendo:

Entiendo que haya diferencias con la versión del manga, pero esta es una adaptación animada, no una copia del original impreso. Cada formato tiene su propio ritmo, tono y necesidades expresivas. La traducción del manga fue una interpretación, y esta es la mía. No se trata de copiar el trabajo de un compañero traductor, sino de ofrecer una lectura propia que funcione dentro del medio audiovisual. No todo debe trasladarse palabras por palabras para conversar el espíritu de la escena.  (2025)

En este sentido, Rodil adopta un enfoque ciceroniano al priorizar el sentido sobre la literalidad, mostrando que la traducción posee una libertad interpretativa. Sin embargo, esto no ocurre, ya que cuando una declaración de amor se reduce a un simple gesto de simpatía, no solo se pierde intensidad expresiva, sino que también se altera la percepción del vínculo entre los personajes.

Siglos después, San Jerónimo (s. IV d.C.), traductor de la Biblia al latín en la célebre Vulgata, abordó la traducción desde otra perspectiva. Aunque también evitaba la literalidad palabra por palabra (Prólogo a la Vulgata, s.f.), insistía en la importancia de conservar con rigor el sentido original, pues entendía que cualquier desviación podía afectar el mensaje divino. Este principio cobra relevancia ya que, si para Jerónimo una mala traducción ponía en riesgo la fe de los creyentes, en la actualidad una traducción que atenúa una confesión amorosa pone en riesgo la representación de identidades y realidades sociales. En ambos casos, la omisión o alteración de sentido se transforma en un acto de pérdida que trasciende lo lingüístico para convertirse en un problema cultural y ético.

En el capítulo dos, titulado Sospechas, Yoshiki introduce su mano en el pecho de Hikaru, quien exclama: “Nunca me habían tocado así”. Más allá de la frase, la forma en que lo mira, los gemidos, la tensión erótica y el modo en que se tocan evidencian que su vínculo trasciende la amistad. Esta intensidad, presente tanto en el manga como en el anime, no es un detalle menor, pues si esta carga amorosa o erótica se suaviza, se corre el riesgo de invisibilizar la naturaleza de su relación. En este caso, la elección de atenuar la confesión de amor borra una representación LGBTQ+ significativa, silenciando una voz poco frecuente y valiosa en el anime.

Esta tensión entre el contenido y su expresión no es un problema nuevo. De hecho, Aristóteles sostenía que forma y contenido son inseparables: no es posible transmitir un mensaje alterando el modo en que está construido sin afectar su esencia. En el capítulo tres, titulado Negación, Yoshiki finalmente le revela lo que siente. Él sabe que, aunque Hikaru habla, mira y se comporta como su amigo, no lo es, y esa diferencia marca un segundo momento de la confesión. La respuesta de Hikaru refuerza esa ambigüedad: “No te lo voy a discutir. Pero te necesito, Yoshiki. No puedo funcionar sin ti… porque eres mi primer… ya no sé, ¡no sé cuáles son mis emociones y cuáles no! Y aunque supiera, da igual, ¡no puedo evitar que me caigas bien!” (El verano que murió Hiraku, 2025, ep. 3). 

A primera vista, estas palabras parecen ligeras, incluso amistosas; pero si en vez de esa frase se tradujera como “no puedo dejar de quererte”, el efecto sería radicalmente distinto: se abriría un espacio de vulnerabilidad y de amor explícito. Aquí se observa cómo el ritmo, la cadencia y la intensidad no son simples adornos, sino parte del sentido mismo. Suavizar la confesión rompe, entonces, esa unidad aristotélica entre lo que se dice y cómo se dice.

Walter Benjamin, en La tarea del traductor (1921), sostiene que toda traducción implica inevitablemente pérdida, pero también la posibilidad de crear algo nuevo. Desde esta perspectiva, la labor del traductor no destruye el original, sino que genera un texto que dialoga con él y tiene su propia vida. María Victoria Rodil aplica esta libertad creativa al adaptar El verano que murió Hiraku, interpretando las escenas según las necesidades del anime y ofreciendo un ritmo y tono propios del medio audiovisual.

Yo no traduzco para calcar escenas, sino para adaptarlas con coherencia. Entiendo que eso no guste a todos, si otras versiones eligieron un enfoque más directo, lo respeto, pero el mío busca cuidar la sutileza y el contexto desde una mirada más neutral. Tal vez no todos lo notan, pero no todo lo romántico necesita ser explícito para sentirse. (Rodril 2015)

Sin embargo, esta libertad no es absoluta: cuando una elección traduce una confesión romántica intensa en un gesto meramente amistoso, la decisión trasciende lo lingüístico y adquiere un peso ético, al invisibilizar una representación afectiva significativa. Así, la traducción se convierte en un espacio donde la creatividad y la responsabilidad coexisten en tensión; el traductor puede innovar y reinterpretar, pero también debe considerar las consecuencias culturales y sociales de sus decisiones.

Concluyendo, los espectadores pierden una representación LGBTQ+, porque aunque El verano que murió Hiraku no es un anime centrado en el amor, el hecho de que sus protagonistas sean homosexuales ya constituye un aporte a la visibilidad. Esta polémica confirma que la traducción no es un gesto inocente, sino una práctica cultural cargada de decisiones que afectan cómo se entiende una obra. De esta forma, la traducción se convierte en un campo de disputa política: cada frase traducida es un faro o una sombra, capaz de iluminar identidades o dejar que desaparezcan en la oscuridad.

Referencias bibliográficas

Benjamin, W. (2001). La tarea del traductor (T. X. Trad.). Ciudad: Editorial. (Trabajo original publicado en 1923)

Cicerón. (s.f.). De optimo genere oratorum.

Rodil, M. V. [@usuario]. (2025, julio 20). Entiendo que haya diferencias con la versión del manga, pero esta es una adaptación animada, no una copia del original impreso… [Tweet]. X. https://twitter.com/usuario/status/xxxxx

Rodil, M. V. [@usuario]. (2025, julio 20). Yo no traduzco para calcar escenas, sino para adaptarlas con coherencia.  [Tweet]. X. https://twitter.com/usuario/status/xxxxx

San Jerónimo. (s.f.). Prólogo a la Vulgata.

Takeshita, R. (2025). Reemplazo (Ep. 1) [Anime]. En Takeshita, R.H. Tanaka, El verano que murió Hiraku. CygamesPictures.

Takeshita, R. (2025). Negación (Ep. 2) [Anime]. En Takeshita, R.H. Tanaka, El verano que murió Hiraku. CygamesPictures.