Tráfico de personas y cómo el capitalismo mantiene viva la esclavitud
Por Ilse Mendoza
No es una sorpresa ni una noticia para nadie el hecho de que el capitalismo, como sistema económico y social, fue fundado sobre las bases de la esclavitud. La labor forzada de miles de seres humanos desplazados de sus hogares para ser vendidos y llevados a plantaciones y fábricas fue lo que, ultimadamente, permitió a los primeros e incipientes capitalistas (principalmente, latifundistas y dueños de la tierra) construir su capital en base al trabajo no remunerado de los esclavos.
En pleno 2025, viviendo en una sociedad post movimientos abolicionistas de siglos anteriores, pareciera que la esclavitud es una reliquia del pasado, una simple pero desafortunada mancha en la historia de la humanidad. Sin embargo, esto no podría estar más lejos de la realidad. En datos más clarificadores, se estima que cerca de 25 millones de personas se encuentran en condiciones de esclavitud en Asia únicamente (Bishop, 1m36s), con cerca de 40 millones de esclavos a nivel mundial.
La verdad es que la esclavitud no terminó, solamente se transformó. Porque el capitalismo necesita de esta labor forzada e injusta para perpetuarse.
En un nivel superficial podríamos argumentar que incluso los trabajos pagados, que son precarios, son una especie de trata de personas suave, una esclavitud en menor grado. Estoy hablando de los trabajos donde se obtiene un sueldo mínimo como remuneración. Las horas son largas y el sueldo recibido no permite el ahorro ni la inversión, lo que impide la movilidad social. El capitalismo ha disfrazado esto con la frase “el trabajo dignifica”, cuando en muchas oportunidades no aporta más que lo mínimo para sobrevivir ¿Podemos hablar de dignidad cuando las vidas se mantienen en la precariedad, a pesar de pasar la mayor parte de sus horas en el trabajo?
Por otro lado, está la trata de personas y la esclavitud moderna como tal. En este caso me refiero principalmente a tres problemáticas: el trabajo forzado, las labores de servidumbre y el tráfico sexual.
En primer lugar, el trabajo forzado corresponde a cualquier labor que se desarrolle sin un pago bajo condiciones de violencia o coerción de cualquier tipo. Esto ocurre con frecuencia en lugares de África, Asia y América y compete principalmente a labores clandestinas en fábricas o, como ocurre mucho en E.E.U.U, con verdaderas mafias dedicadas a la “venta de productos puerta a puerta” (Bader), pequeños carteles de drogas o en Asia, en las fábricas de donde salen los productos que todos usamos día a día, como celulares y electrodomésticos.
Ocurre en muchos casos que la paga es mínima y no permite a los involucrados la movilidad para dejar ese trabajo, del que muchas veces participan mediante la coerción y la violencia física. El capitalismo se sostiene mediante este tipo de esclavitud, ya que otorga un margen de ganancia absurdamente alto al no pagar por la labor que permite fabricar los bienes a vender. Sin este tipo de esclavitud, es decir, si estas personas recibieran un salario apropiado por su trabajo, los precios se dispararían y las ventas caerían. Bajo el capitalismo, se prefiere el sacrificio humano antes que cualquier otra cosa.
Además, me gustaría hablar de las labores forzadas de la servidumbre. Con esto me refiero a personas que, viviendo en condiciones de precariedad absoluta, se ven necesitadas de buscar trabajo como asesoras del hogar en otros países. Esto ocurre, a nivel global, principalmente en China y otros lugares de Asia, pero ocurre en el resto del mundo también. Aquí la crueldad está en que “agencias” de trabajo captan a personas vulnerables, les quitan sus pasaportes, las amenazan con dañar a sus familias y se quedan con gran parte del dinero que ganan las empleadas. Estos individuos no tienen cómo volver a casa, ni el dinero necesario para salir de su situación. En este caso, se trata de una labor no pagada que sostiene otra parte del capitalismo: trabajadores menos precarios que pueden pagar por una mucama porque no tienen el tiempo para dedicarse a sus familias y a sus casas; es decir, la rueda de la labor debe seguir girando sin importar qué, por ende, éstas trabajadoras domésticas son la base de una pirámide que se construye con ladrillos de injusticia.
Finalmente, están los casos de explotación sexual, la cara más visible o conocida del problema de tráfico humano. La industria del entretenimiento es enorme y genera millones de ganancias minuto a minuto. Parte de ella es la industria de la pornografía; se ha vendido por años una idea sexual violenta en base a la denigración de la mujer y su sometimiento. Las mujeres, personas menores de edad y miembros de la comunidad LGBT, presentan un mayor riesgo de caer en estos círculos, ya que se encuentran en una condición de vulnerabilidad y sus cuerpos son vistos como commodities* dispuestas para el placer de las masas. El tráfico sexual se vale de algo tan personal y valioso como el aspecto sexual de cada persona para seguir creciendo: La adicción a la pornografía mantiene éste mercado más vivo que nunca. En tiempos de internet, generar y mover este tipo de material de forma masiva es más sencillo que nunca. Este tipo de esclavitud sostiene el capitalismo toda vez que mantiene a las masas tranquilas; permite el acceso a una forma de descargo para los trabajadores y trabajadoras que caen frente al canto de sirena que este material procura.
¿Qué podemos hacer para ayudar?
En primer lugar: puedes reducir tu consumo de artículos electrónicos. No cambies tu celular cada año, no permitas que se convierta en un artículo de consumo veloz. Prefiere marcas que tengan políticas anti esclavitud y que paguen bien a sus trabajadores (a pesar de que nunca podremos estar seguros de todo).
En segundo lugar, no utilices páginas populares de pornografía, ya que es en ellas donde más proliferan los casos de abuso. Prefiere a creadores de contenido ético que estén haciéndolo por su propia voluntad, y que el dinero vaya directo a sus bolsillos sin intermediarios.
Y por último, levanta la voz para que en tu país se creen leyes firmes que regulen esta clase de comportamientos, y que se investigue apropiadamente cuando esas leyes no se cumplan. Es deber de todos denunciar ante la sospecha de casos como los que ya he descrito.
Mi intención es generar conciencia frente a este problema que parece algo del pasado pero está más vigente que nunca. Es nuestro deber lograr que en el futuro, espero no lejano, ya no exista más la esclavitud en este mundo. Trabajar en contra de la esclavitud es trabajar por los derechos humanos, por los derechos de las mujeres y por los derechos de las disidencias más vulnerables, por lo que es tarea de todos crear un mundo más seguro.
Referencias Bibliográficas:
David Bishop. [TEDx Talks] (2021) How human trafficking and bonded labor make capitalism possible. [Video]. Youtube. https://youtu.be/6FKpc8-fRgk?si=JnkiOoQ3QJXHwNVp
Eleanor J. Bader. (2023) Labor Trafficking Is Inseparable from Capitalism. The progressive Magazine.
Daniela Solis. (2024) Sex, Power, and Profit: A Global Comparative Perspective on the US Human Trafficking Crisis. Harvard International Review.
Sobre la autora
Ilse Mendoza es Licenciada en Lengua y literatura de la universidad Alberto Hurtado, amante de los libros, feminista y parte de la comunidad LGBTIQ+.
