Negra para el mercado

Por Antonia Campillai

Lo vi llegar una mañana, como quien entra en escena sin anunciarse,
con la canasta repleta de manzanas jugosas, brillantes, casi teatrales.
Eran tan llamativas, tan perfectas…
Parecían ninfas recién salidas del rocío,
mujeres de cabellera rojiza y piel tersa,
desnudas, tentadoras, vírgenes aún del tacto humano.
Totalmente nuevas para el mercado.
Hermosas doncellas expuestas al deseo,
puestas ahí como piezas de arte,
como si su único destino fuera ser observadas,
consumidas, devoradas.

Las miraba con un brillo extraño en los ojos,
como si no fueran frutas, sino cuerpos.
Como si en cada curva roja viera una promesa.
Y yo, yo estaba ahí.
Callada, testigo absurda,
celosa como una idiota por manzanas…
como si ellas pudieran devolverle la mirada.

El tiempo pasó, como suele pasar cuando no se le cuida.
Ahora solo está la puerta abierta,
oscilando con el viento de una casa vacía,
y en el suelo,
las manzanas.
Golpeadas.
Cafés.
Llenas de agujeros.
Corrompidas por gusanos escrupulosos,
como carne que alguna vez fue deseada
y luego olvidada en una esquina.

Y yo, también quedé ahí.
Abandonada en la escena,
como un eco, como un objeto que no supo cuándo irse.
Me enamoré como una idiota,
con una mejilla roja y la otra empapada en lágrimas.
Me deshice en llanto, en espera, en silencio.
Y ahora me siento igual que ellas:
negra para el mercado.
Inservible.
Llena de agujeros invisibles.
Descompuesta por dentro aunque por fuera conserve la forma.
No hay mordida que me salve.
No hay mano que me elija.

Fui la fruta deseada.
Manjar de ojos hambrientos,
sueño de labios que prometían dulzura.
Fui ilusión envuelta en piel brillante,
presa fácil del antojo ajeno.

Pero el deseo no es amor,
y el hambre no es ternura.
Me ofrecieron manos que no sabían sostener,
me arrancaron del árbol con urgencia,
me dejaron caer sin mirar atrás.Hoy soy fruta olvidada,
fría, oscura, silente. Ya no hay cestas ni vitrinas.
Y aunque aún conservo el aroma de lo que fui,
ya nadie se acerca. Ya nadie pregunta.
Ya nadie me nombra.

Sobre la autora

Antonia Campillai es Licenciada en Letras con mención en Literatura y Bachiller en Humanidades, actualmente cursa un Máster en Psicopedagogía. Su formación interdisciplinaria combina el análisis literario, el pensamiento humanista y la comprensión profunda de los procesos de aprendizaje.